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LA OSCURA REALIDAD

LA OSCURA REALIDAD

miércoles, 31 de julio de 2013

SE COSECHA LO QUE SE SIEMBRA

En el lecho de la hermosa mansión, tras largas horas de sueño, escucho las molestas campanas de la iglesia de la Plaza Mayor dar las tres de la madrugada, siento el cálido cuerpo de mi esposa pegado a mi espalda, acariciando mi cabello con sus manos, sus pechos se aplastan contra mí, sus pezones se clavan en mi piel, su fragante olor invade mis sentidos. Entonces, el frío antinatural que invade de pronto la habitación me hace despertar como sí me hubieran vaciado una jarra de agua sobre la cabeza. Ahora, despierto por completo, con el corazón latiendo desbocado de terror en mi pecho, mis manos temblando, la boca seca y un palpitante dolor en mis sienes, el sudor frío empapa mi piel. A pesar de estar completamente despierto, sigo percibiendo con horror la imposible presencia junto a mí. Es una sombra oscura. No creo lo que mis ojos ven, no puede ser cierto, no puede ser real... mi mujer está muerta. Yo mismo la mate, tras largos años de maltratos y abusos, para quedarme con su dinero y su mansión, ahora ha regresado para reclamar mi vida. Tiende su pálida mano, roza mi mejilla con las yemas de sus dedos y su hermoso rostro, que aun desde la fría distancia del más allá, me mira con un inútil amor que yo jamás supe corresponder, se transfigura de pronto en una máscara de muerte y espanto. El dolor que me transmite su tacto es infinito. Con ese toque helado me devuelve todo el dolor y el sufrimiento con el que yo la martirice durante años. Años de vejaciones, insultos y palizas que hicieron de su vida un infierno. Mi corazón no puede soportar tanto dolor como ha causado y se detiene, poniendo fin a mi miserable vida.
Pero mi sufrimiento no acaba con el cese definitivo del latir de mi corazón, el espectro de mi esposa muerta me acompaña en la oscuridad hacía la luz. Al atravesar la luz me encuentro en el mismo infierno y lo que veo allí  hace que se me hiele el alma. Ella sonríe con burla, aunque veo una pizca de tristeza y lastima tras sus ojos, besa mis labios una última vez y desaparece, fundiéndose en la luz, dejándome sólo ante la eterna tortura, de fuego y espinas, piel abrasada y piel desollada que aguarda ante mí.


martes, 30 de julio de 2013

EL ÚLTIMO RAYO DE SOL DEL ATARDECER

El sol del atardecer bañaba el estanque de los patos, con una dorada y soñolienta capa de tristeza, mientras las palomas se acercaban hambrientas y melosas, entre arrullos y murmullos, a la viejecita que vaciaba metódicamente una bolsita de migas de pan duro, a la  vez que sonreía, como la niñita que un lejano día fue. Una niña  peinada con coletas de lazos rosas y vestida con un bonito  vestido de encaje que saboreaba un dulce helado una tarde de un olvidado y caluroso verano, tanto tiempo atrás. La brillante sonrisa de la niña se perdía, ahora, en una mueca desdentada, pero la infinita alegría que desprendía su rostro era la misma.
 Los nublados ojos del anciano observaban la escena, con la dificultad producida por la casi total pérdida de visión que los acosaba en un viaje sin retorno hacia la absoluta oscuridad. Los claros ojos azules del viejo que en otro tiempo, habían sido ojos capaces de ver lo oculto, lo que se esconde en el borde mismo de la mirada, entre las sombras, lo que otros no pueden percibir, la belleza del mundo en un reflejo, la oscuridad disfrazada bajo la belleza, y el brillo del oro oculto entre la mugre. Ojos que habían visto cosas más allá de cualquier sueño, que habían viajado por mundos con los que otros no se atrevían ni a soñar.
Como cada día, al atardecer, se sentó junto a la anciana y con afecto cubrió sus hombros con un delicado manto de lana bordada para protegerla del fresco aire del norte, que comenzaba a despuntar, ganando su eterna batalla contra el calor del sol, hasta la llegada del nuevo día. El  anciano tomó con infinito amor la mano arrugada de la mujer entre sus temblorosos dedos, que, también, perdían la lucha contra la enfermedad de Parkinson.  Dedos que en otra época habían sido fuertes y firmes, pertenecientes a unas manos hábiles, como pocas en este mundo, en cualquier mundo. Manos bendecidas con el don de crear.

jueves, 4 de julio de 2013

ESPEJOS (REFLEJOS)


La mujer madura, de piel gastada y áspera, y alma cansada se mira en el espejo. La muchacha joven, de piel suave y sonrosada, y espíritu alegre le devuelve la mirada desde el reflejo.

Los ojos de la mujer madura son azules, pero, no brillan sobre las ojeras grises que los enmarcan. Los ojos de la muchacha son añiles destellos del cielo y sus pómulos son de carne fresca y lozana.

La boca de la mujer madura es una línea gris, que ha olvidado el don de la risa. Los labios de la muchacha son una turgencia roja, que no conocen nada más que el placer de la carcajada.

El cabello de la mujer madura es escaso y sin brillo, de un color gris muy claro. El pelo de la muchacha es frondoso y brillante,  de un tono dorado muy bello.

Los senos  caídos de la mujer madura son marchitas flores ajadas en su pecho. Los firmes pechos de la muchacha son gloriosas rosas rojas por recolectar.

miércoles, 3 de julio de 2013

MEDIANOCHE


En la pequeña habitación, las blancas cortinas se agitan, como pálidos fantasmas, mecidas por el cálido viento del verano, que entra por el  amplio ventanal, abierto a la noche. Una biblioteca, poblada de viejos libros que guardan viejas historias en su interior, viste una de las paredes. En la otra pared sobre una fría chimenea, apagada hace tiempo, olvidado su calor hasta la llegada del invierno, cuelga un burdo cuadro  que muestra un  triste y anodino paisaje lluvioso, junto al cuadro un extravagante reloj de pared, de madera magníficamente tallada, cuyas agujas metálicas  marcan cadenciosamente el incansable paso del tiempo. En el centro de la sala  se encuentra absorto un anciano. Sus ojos brillan febriles, y murmura palabras ininteligibles, como si hubiera perdido el juicio, mientras sus arrugadas manos tratan de hacer encajar las piezas de un puzle. El viejo va vestido con un fino pijama de rayas, blanco y azul, desde por la mañana y sus finos cabellos muy despeinados, atestiguan que ese día ha olvidado peinarlos. En realidad ha olvidado todo salvo aquel puzle, incluso comer o beber, se ha hecho sus necesidades encima y ni siquiera se ha percatado, lleva horas con la vista perdida sobre la mesa, tratando de ordenar frenéticamente  las piezas, ajeno al mundo que le rodea. Lo curioso del asunto es que aquel anciano siempre ha despreciado profundamente los puzles y jamás hubiera perdido su preciado tiempo con semejante tontería.

Esa misma mañana, antes de desayunar, poco después de que el sol le despertara con su brillo, ha escuchado unos secos golpes en la puerta de entrada. Al abrir la puerta ha encontrado sobre el viejo y desgastado felpudo, una  inquietante caja de madera negra, que parecía desprender un oscuro calor. En el exterior no se veía un alma, salvo un negro cuervo que graznaba sobre el tejado, escrutando al anciano con sus funestos ojos  de color azabache, pero no había señal de quien fuera que hubiera hecho la llamada y dejado abandonado tan extraño objeto en su porche. 


El anciano había observado la caja con curiosidad. Era una caja desagradable, parecía poseer vida propia, como sí un pequeño corazón latiera en su interior. Al anciano no le gustaban las bromas, ni las sorpresas, y sobre todo no le gustaba aquella caja, así que había decidido deshacerse de ella, pero cuando pensaba que la había tirado a la basura con el resto de desperdicios, se percató de que se encontraba en la mesa con la caja abierta ante él. Y ya era demasiado tarde, la oscura luz que bañaba la caja se adueño de los ojos del viejo. El cofre contenía un montón de sombrías piezas, las piezas eran cálidas al tacto y una vez que tocó una, sólo deseó dar forma al rompecabezas. Sus viejos y cansados ojos no habían podido apartarse de las piezas que parecían sorber todo su entendimiento, como si nada quedara por hacer en el mundo salvo descubrir el misterio oculto tras las pequeñas piezas desperdigadas por la mesa.  Pieza a pieza, durante las largas horas del día hasta la llegada de la noche,  como poseído por una extraña fuerza que lo controlara a su antojo, había hecho tomar forma a la imagen que ocultaba el puzle.

Finalmente cuando le queda sólo una pieza en la mano, se permite, por fin, discernir el secreto que guarda el puzle. Para su sorpresa, la imagen oculta hasta ese momento, muestra esa misma habitación: la chimenea, los viejos libros a los que ha dedicado su vida, el reloj detenido a las doce en punto, el cuadro del paisaje lluvioso, la mesa en el centro de la sala, el puzle terminado sobre ella, excepto por una única pieza que se encuentra inmóvil en la marchita mano del anciano. La sangre del anciano se hiela en sus venas, en el puzle se ve claramente una sombría figura a su espalda, las pálidas cortinas flanqueando su paso a través del ventanal, sus manos de pálidos dedos tendidos hacia él, casi rozando su nuca. En los oscuros ojos de la figura viaja la muerte. El reloj comienza a dar la hora. Es medianoche.

martes, 2 de julio de 2013

CANTOS DE SIRENA



Desde la puerta, al posar la mirada en el atestado interior, uno se percata de que el ambiente en el bar es opresivo, sucio y desagradable; huele  a alcohol barato y a sudor rancio, producido por la masa de gente acumulada. En otras palabras es un bar de mierda, pero hay algo hipnótico en este antro. Una especie de lazo que te atrapa por el cuello y te lleva hasta allí, como poseído por una fuerza superior. Por eso cada noche está lleno a rebosar de una marea humana, que baila y se agita, como las olas, a un ritmo frenético, arrastradas por la música.

Es el lugar donde las almas cambian de mano, y los corazones se pierden en la oscuridad, donde se realizan apuestas a vida o muerte, con el destino de todos los hombres en juego. Allí los demonios del otro lado acarician tu cuerpo con lujuria. No hay vicio oculto que no sea satisfecho con creces en ese lugar. No hay maldad humana que no tenga cabida en las habitaciones más ocultas del profundo y sombrío  sótano.

La muchacha pasea descalza por la playa, olvidando las penas de un corazón desgarrado, por una ruptura dolorosa, provocada por un tipo especializado en sembrar su camino de corazones rotos y de lágrimas de mujer. Pero ella es más fuerte que todo eso, o eso se repite una y otra vez a sí misma, dejando vagar su vista en la profunda paz que  dan a su mente la tranquila inmensidad del mar y la noche. Acunada por el suave murmullo de las olas.
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This Work (LA OSCURA REALIDAD / http://microcuentosfantasticos.blogspot.com.es by Gonzalo Esteban Díaz/) is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

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